La ciudad, no se caracteriza por tener algún plato autóctono, su cocina es la típica de La Rioja, aunque el vino y el picante si están presentes en la confección de algunos de los platos de una forma más pronunciada.
El Regadío, Tronconegro y Las Parcelas, suministran a Cenicero de unas excelentes frutas, verduras y hortalizas de temporada, el río Najerilla, le dota de truchas, barbos, loinas y bermejuelas y el cerdo y cordero de leche, también están presentes en la dieta local.
En cuanto a los postres, los bocados de leche, las natillas, arroz con leche o dulces de frutas, no pueden faltar en una mesa que se precie, y siempre acompañada de los excelentes de la ciudad vinatera.
En una cazuela, pondremos medio kilo de pochos limpios y ya desgranados (los pochos, son los caparrones sin terminar de hacerse y secar) les acompañaran, una cabeza de ajos, media cebolla, dos tomates, un pimiento verde y otro rojo así como una ramita de perejil, dos rabos, un cuello, medio kilo de costilla y otro medio de brazuelo, todo ello de cordero y troceado pequeño.
Se cubrirá de agua, a ser posible de Higate y se echará sal al gusto y al fuego. El chorizo y tocino frescos, no le van nada mal a este cocido por lo que recomendamos su empleo, aunque no en grandes cantidades.
Una vez cocido, lo apañaremos con un refrito de ajo y pimentón picante. Su degustación irá acompañada de unas guindillas verdes frescas.
Un tinto del año de cosechero de Cenicero, acompaña a la perfección los pochos.
En una sartén honda, pondremos un buen chorro de aceite de oliva virgen y una capa consistente de cebolla y ajos tiernos en juliana con una ramita de perejil picado y unos aros de guindilla colorada seca.
Cuando comience a dorarse, acostaremos sobre la mezcla a la trucha, la cual ya hemos limpiado, salpimentado al gusto, enharinado y bridado con una chapla en su interior de jamón serrano que no este muy curado. Cuando la trucha tome color verteremos en la sartén un vaso de blanco seco de cualquiera de las bodegas cenicerenses y cuando comience a hervir , retiraremos la trucha y los aros de guindilla.
La salsa resultante de la fritada de cebolla, ajos, perejil y vino blanco, la pasaremos por la varilla y la pondremos en una fuente de horno. La trucha ya desbridada, la pondremos en la fuente y la meteremos en el horno a temperatura media, donde terminará de hacerse. El jamón, al que hemos cortado en tiras y los aros de guindilla, adornarán el guiso, cuando lo sirvamos en la mesa.
Un rosado frío de Cenicero es el vino ideal para acompañar este plato.
Este plato, combina impecablemente dos carnes tan distintas como son la del cordero de leche y el cerdo.
Para la preparación de este plato son necesarias 12 chuletillas de cordero lechal y un solomillo de cerdo, cortado muy fino, para el marinado y salsa, un vaso de tinto de crianza, 4 dientes de ajo, una ramita de perejil, una pizca de pimienta blanca molida, una pizca de tomillo, sal, una guindilla de cayena y cebollino.
Para la salsa, cebolla y puerro. En primer lugar; picaremos muy, muy finos, los ingredientes del marinado y los mezclaremos con el vino. En una fuente, verteremos una capa fina de la mezcla y sobre esta, colocaremos las carnes, que terminaremos por cubrir con el marinado restante.
Pasadas dos o tres horas, haremos la carne, bien a la brasa del sarmiento o a la plancha, echando en su cocción y poco a poco la mitad del marinado, reservando el resto para la salsa.
Una vez preparada la carne, prepararemos la salsa que le acompañará, de la siguiente forma. En una sartén, con un chorro de aceite de oliva, pondremos la cebolla y el puerro, solo la parte blanca, cortados en juliana y cuando comience a dorarse agregaremos el resto de la marinada que temamos reservada. Dejaremos cocer a fuego lento corrigiendo de sal y echando algo mas de vino si fuera necesario hasta que la salsa este echa. Luego la pasaremos por la varilla y el chino, la pondremos en una cazuela baja o sartén y sobre ella la carne, dándole un último hervor antes de servir.
Lo acompañaremos de un reserva cenicense idóneo para este plato.
Necesitaremos 8 peras de donguindo o limoneras, no muy grandes, una rama de canela, la peladura de un limón, 4 clavos de olor, azúcar y tinto joven de Cenicero y agua a partes iguales.
En primer lugar, pelaremos las peras y las pondremos en una cazuela y agregaremos el resto de los componentes, poniéndolo todo a cocer a fuego moderado. La cantidad de azúcar y mezcla de vino y agua, están en función del tamaño de las peras y el de la cazuela, debiendo cubrir en todo momento a las peras, las cuales, iremos removiendo para que tomen el color del vino homogéneamente.
Una vez cocidas las peras, sin que se deshagan, las retiraremos del fuego y las dejaremos enfriar, continuaremos la cocción del almíbar, hasta que sea algo consistente, dejaremos enfriar.
Las peras, se servirán con el almíbar, todo frío y acompañado de un blanco semidulce de los elaborados en Cenicero.
Los platos elaborados, son para cuatro personas a excepción de la trucha que es para una ración.